Comala, Colima, Mexico
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miércoles, 8 de junio de 2011

Simplemente Mujer

Por: Celina Naranjo




CRECER ANTE EL DOLOR


Hola, amig@s:



Una de las cosas que no distingue posición social, género, edad, religión o raza, es el dolor, tan natural e intrínseco al ser humano. Aunque existe el llamado “umbral del dolor”, lo cierto es que toda la gente lo padece, en menor o mayor grado.


Así pues, nadie está exento de sufrir dolor físico, que de acuerdo a la sintomatología y características se puede conocer su origen y por lo tanto su diagnóstico, gravedad, pronóstico y tratamiento que lo alivie o cuando menos lo mitigue.


De este tipo de dolor (recordemos que también hay dolencias del alma), lo que he aprendido es que debemos estar siempre atentos a cualquier dato y recurrir a nuestro médico para prevenir y de esa manera evitar un mundo de complicaciones.


Hoy en día existe un sinfín de enfermedades, que de un momento a otro cambian nuestra vida y la de nuestros familiares. Los invito a estar siempre atent@s a cualquier cambio, pues eso puede hacer la diferencia entre la vida y la muerte. En cuestión de enfermedad y salud, el tiempo –literalmente- es oro.


Cuando nos duele el cuerpo tenemos una referencia concreta de lo que nos está pasando, pero cuando se trata del llamado dolor del alma es difícil identificar y cuantificar, pues sólo las personas que lo sienten, saben lo que les duele la vida.


Sentimos una gran tristeza y un profundo pesar, de pronto todo se torna oscuro y sin sentido alguno, nos afecta el corazón y por añadidura todo nuestro ser: lo que antes era alegría, en esos momentos sólo parece una sombra que cubre nuestra vida.


Es el dolor que se presenta cuando sufrimos pérdidas importantes como el deceso de un ser querido, la partida de un gran amigo, el desamor, el engaño, cuando alguien deja de amarnos cuando aún le amamos.


Quiérase o no, la realidad es que tenemos que aprender a vivir y hasta lograr ser amigos del dolor, y si reflexionamos al respecto, puede llegar inclusive a ser enriquecedor en la formación de los seres humanos. Recuerda usted aquella frase que dice: “se crece al dolor”. Esa es una manifestación de una adecuada canalización del dolor en nuestras vidas.

De ninguna manera digo que es bueno tener problemas, obstáculos o enfermedades. No quiero parecer masoquista, por el contrario me encantaría que me permitieran dar testimonio de cómo podemos sacar provecho de los dolores.

Que éstos nos lleven a crecer, a replantear objetivos e incluso a reinventarnos, a valorar las relaciones con nuestra familia y los amigos; a identificar nuestra esencia y prioridades, de cuánto tendríamos que apreciar todo aquello que la vida nos regala, por más pequeño que sea o parezca.


Es increíble como un acontecimiento desafortunado puede impactar nuestras emociones y sentimientos de manera positiva, como nos puede fortalecer espiritualmente y permitirnos encontrar un nuevo sentido a la vida, y de esa manera estar en paz, aun en medio de esas circunstancias.


Cuando la vida te presente situaciones adversas, piensa en las cosas buenas que están a tu alcance y que todavía puedes disfrutar, reflexiona cómo después de pasar esa experiencia podrás encontrar en ti a un ser humano más fuerte, maduro, entero, te lo aseguro.


Piensa que la vida no es más que un proceso de constante aprendizaje, que nos permite la oportunidad de confrontar nuestra capacidad de sobreponernos a eventos potencialmente dolorosos que podemos sufrir en el futuro y darnos cuenta que así cómo todos nuestros actos tienen consecuencias buenas o malas según sea el caso, en cada vivencia personal tenemos la posibilidad de descubrir y aprender algo nuevo.


También entiendo que hay sufrimientos tan grandes que nos hacen sentir que el corazón queda destruido…. hasta que logras ver el dolor con esperanza y con fe.


Sin duda, las enfermedades nos causan un gran dolor y una profunda tristeza, pero es precisamente ahí cuando tenemos que sentirnos invencibles, fuertes e invulnerables; luchando, luchando con todas nuestras fuerzas, porque exactamente ese dolor nos está diciendo ¡estás viv@! y con una actitud positiva será mucho más fácil vencerla y así el resto de nuestra existencia la viviremos con mucha más intensidad, cumpliendo con nuestra misión, nuestros sueños y propósitos.

No permitamos que el dolor nos deforme, luchemos porque nos transforme en positivo, y pensemos que mientras hay vida hay esperanza, solo edifiquemos en el dolor. A todas las mujeres les deseo que Dios las Bendiga y les recuerdo que ahora es el momento de ser felices…. ¡Hagámoslo!




Publicado en DIARIO DE COLIMA (Suplemento "Diario Mujer") el miércoles 8 de junio de 2011



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